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Entonces se produjo lo que él llamó "el descubrimiento de la misericordia", acontecimiento del todo interior al cual sus discipulos tenían que hacer remontar el origen de la Reforma. la fecha y el lugar siguen discutidos. Hubo una primera percepción en Roma, mientras el piadoso peregrino subía de rodillas la "Scala Santa"? | |
| Habrá que situar el hecho en 1518 o bien 1519, en aquel caso del asunto de las indulgencias dónde hubiera habido ya como un presentimiento de su doctrina? Ya en los cursos de 1514 a 1517, los lineamientos aparecen. La verdad la más probable es que el "descubrimiento" se hizo paulatinamente, antes de imponerse con fuerza tal que anuló todos los razonamientos, todos los acercamientos en la fulgurante claridad de lo que le apareció como evidencia. |
En el prefacio en la edición de sus obras, en 1545, Lutero ha expuesto en que consistió la "repentina iluminación del Espíritu Santo". Una vez más escudriñaba el sentido del terrible versículo 1,17 de la "Epístola a los Romanos" que lo había llenado tan a menudo de angustia, cuando su verdadero sentido -- es decir lo que iba a tener por tal -- se le había aparecido. "Mientras que, en mi meditación, día y noche, examinaba el encadenamiento de aquellas palabras:" La justicia de Dios se revela en el Evangelio, como está escrito: el justo vive por la fe", he empezado a comprender que la justicia de Dios significa la que el justo vive por el don de Dios, es decir por la fe. El sentido de la frase es entonces el siguiente: el Evangelio nos revela la justicia de Dios, pero la justicia pasiva, por la cual, por medio de la fe, nos justifica Dios, lleno de misericordia. ." Descubrimiento prodigioso, a los ojos del jóven monje torturado por el temor y la angustia. El Dios verdugo, armado de un palo, retrocedía, dejando el lugar a Aquel hacía quién el alma podía recurrir, confiada. De golpe, como pasa para las grandes inteligencias, ésta única idea, toda simple en aparencia, había cristalizado a su alrededor todas clases de reflexiones y de argumentos. Llegaba a ser la base de un sistema.¿ De un sistema? La palabra es impropia, porque no se trataba para Lutero de una doctrina seca, de una tésis, pero de una experiencia de vida, de la respuesta a sus atroces problemas. Aquella respuesta se le presentaba tan claramente que podía formularla en principios imperiosos. El hombre es pecador, incapaz de hacerse justo, condenado a la impotencia, por el enemigo que lleva dentro de sí. Aúnque se conforme exteriormente a la ley, permanece en su pecado. Aúnque trate de portarse bien, que espera adquirir méritos, no lo puede porque a la raíz de todo su ser se encuentra un germen mortal. Se necesita entonces que haya, y en realidad hay, una justicia exterior al hombre y que lo salva; sólo ella. Por la gracia de Cristo, todas las manchas del alma son como cubiertas de un manto de luz. El único modo de ser salvado, y la única suerte es de confiar en Cristo, de agarrarse en alguna manera a El. "La fe que justifica, es la que se agarra de Jesucristo." Que importan, a la par de ésta realidad de salvación, los miserables esfuerzos del hombre para hacer penitencia, enmendarse, elevarse? Todo aquello es irrisorio. "El Justo vive por la fe." Aquella doctrina, de la cual hay que reconocer que estaba que estaba perfectamente hecha para apaciguar una alma angustiada, ¿en que se separaba de la ortodoxia? La Iglesia enseña que Dios es "justo" en el sentido más sencillo de la palabra, es decir que distribuye equitablemente sus gracias a todos, y no en virtud de una clase de capricho incomprensible. Ella enseña que la salvación y la beatitud eterna se merecen en ésta tierra, por esfuerzos y obras. Ella afirma la importancia del pecado, pero no admite que el hombre no pueda hacer nada para combatirlo. Ella proclama que el amor de Dios y la unión con Cristo son bien indispensables, pero que piden que el hombre se eleve a una semejanza sobrenatural. La fe es sólo el principio de la salvación que termina por el recibimiento del sacramento, en el acto de contrición o en el acto de caridad. No basta creer para ser salvado. Lutero estaba demasiado embriagado por su descubrimiento, demasiado exaltado por la alegria de haber escapado al fin de estar atenazado por la opresión para que una argumentación tomara pie sobre él. "Inmediatamente, decía, me sentí renacer y me parecía haber entrado por las puertas totalmente abiertas al mismo paraíso. ¡Se había liberado! Se sabía pecador, pero Cristo había tomado sobre El todos los pecados del mundo. Estaba disgustado de sentir tan ineficaces sus ejercicios de piedad, y los razonamientos teológicos a los cuales había recurrido? En la prodigiosa claridad de la Redención, todas aquellas cosas humanas no eran nada más que polvos. La dialectica del pecado y de la gracia contenía la respuesta a todos los problemas. Alegre, antes de que su pensamiento haya llegado a su término, antes de haber visto su coronación, que formulará sólo después de 1518, que basta de llevar en sí la seguridad de la salvación por la fe para ser salvado, el profesor de Wittemberg había gritado su descubrimiento a sus auditorios. En la Pascua de 1517, principiando un curso sobre la epístola a los Hebreos, había expuesto su tésis: " El hombre es incapaz de levantarse sólo de cualquier pecado. - Todas las virtudes humanas son pecado delante de Dios." A su alumno Bernhardi, le había hecho sostener una tésis de doctorado sobre la gracia y el libre albedrio, totalmente conforme a sus principios. Lo dijo él mismo: se sentía entonces "poseído por Dios." ¡Que oportunidad admirable le ofrecía la predicación de las Indulgencias para hacer reventar la verdad! Ese cómputo de así dichos méritos para evitar los justos castigos -- tan pobremente adquiridos -- era lo que más le inspiraba horror. La seguridad, ¡sí!, él la había encontrado en aquella prodigiosa apuesta sobre Cristo que quería en adelante mantener y que no era aquella , tan falsa, tan lastimosa, que aquellas pobres gentes creían adquirir arrodillándose frente a reliquias y tirando alguna moneda en el tronco de algún Tetzel cualquiera. En cuanto a la autoridad del Papa, quien garantizaba el valor de esa práctica, el ockhamista que era él se recordaba de lo que enseñaban sobre el asunto los maestros de la escuela, las reservas que formulaban sobre su infalibilidad, sobre su mismo magisterio. Se recordaba que Gabriel Biel había dicho que para reformar la Iglesia, todo fiel era competente. ¿Se daba cuenta que tomando aquellas posiciones, iba a disparar una crisis tal que nunca el cristianismo había cruzado de tan grave? Ciertamente que no. Era exactamente, según sus términos, " un rocín ciego que camina sin saber a dónde va." Se interesaba únicamente al debate espiritual y era la respuesta del cielo al grito del fondo de su abismo que quería hacer oír al mundo. A ese grito " la voz de una Alemania inquieta, sordamente estremecida de pasiones mal contenidas" iba a contestar. Aquel drama de un alma iba a disparar una revolución. --Fin.-- | |
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